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The Argentine

· One min read

Algunas cosas caben en un sobre.
Otras encuentran su camino.


Hay una palabra que usamos en mi tierra, se llama maligaya,
una pequeña palabra para la felicidad, para esos días en que todo parece estar bien.
Y quizá no haya mucho que pueda enviarte desde este lado,
así que te mando esa palabra, esperando que esta noche llegue hasta vos.

Quizá la felicidad suene un poco como tu canción favorita,
porque, después de todo, sos una rockola humana desde la mañana hasta el mediodía.
Con una simple frase, ya se te viene una canción a la mente,
“It's hard to believe, but I couldn't see…” Y ahí vas, cantando otra vez.

Y ya que hablamos de esas cosas que te hacen ser quien sos,
podés ganar mención de honor, pero para mí el primer premio es para vos.
Tenés opiniones fuertes, y se te iluminan los ojos cuando tenés algo que decir,
y sos todavía más encantadora cuando ese orgullo argentino sale a relucir.

Y bueno, dos años más de universidad y quizá por fin termines,
mientras, en otra clase, hay alumnos aprendiendo de vos.
Un día estás estudiando, al siguiente construyendo la vida que imaginás,
y si algo no sale bien… bueno, siempre podés dormir y después intentar una vez más.

Adonde sea que esa vida te lleve, habrá días en que no sepas muy bien,
en que todo parezca un laberinto y no sepas hacia dónde ir.
No hace falta quemar la llave ni quedarse sin salida,
a veces alguien te encuentra y te ayuda a ver la ruta.

Deseo que cuando alguien te vea, el corazón le salte y cante,
qué lindo, qué bueno, qué perfecto es sentir algo así.
Espero que tu sonrisa siga encontrando a quienes más la puedan necesitar,
y que se quede un rato con ellos, como un recuerdo que quieran guardar.

Te deseo mañanas más tranquilas antes de correr entre la gente,
menos carreras para alcanzar el colectivo con cien cosas dando vueltas en tu mente.
Y cuando manejes, dejá que tu teléfono, sus mensajes y las distracciones esperen,
el resto del mundo también puede esperar, sabés, aunque llegues un poquito tarde.

Deseo que la luna les cante a tus noches, mientras los Koels despiertan mis mañanas,
y que, entre esas horas que pasan, el mundo se sienta un poco menos ajeno.
Deseo que tus noches sean amables con vos y que tus mañanas te reciban con calma,
y que nunca pierdas de vista las cosas que te hacen feliz.

Deseo que esta carta tenga más suerte que Magallanes cruzando los mares,
y que cada pequeña palabra llegue al lugar exacto donde debe estar.
Que atraviese toda la distancia sin perder lo que quería decir,
y que llegue hasta vos con la calidez que fui dejando en cada línea al escribir.

Te deseo tantas cosas, porque merecés lo mejor y todavía un poco más.
Merecés el amor más grande que una persona pueda llegar a esperar.
Quizá ya lo dije una o dos veces, pero vale la pena repetirlo:
de verdad espero que tu corazón siempre esté en el lugar más feliz del mundo.


Por más charlas sin rumbo y buenas noches que nunca parecen terminar.

De un escritor frustrado a otra escritora, salud y kanpai.

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